HBO, Opinión, Series americanas

La nueva serie de David Simon, ‘The Deuce’

Tenía muchas ganas de ver ‘The Deuce’ y por fin ayer se estrenó la primera temporada. La serie relata la historia de la legalización y consecuente auge de la industria pornográfica en la zona neoyorquina de Times Square desde principios de los años 70 hasta mediados de los 80, un viaje desde los bajos fondos hasta lo que se convertiría en un negocio multimillonario del sexo en Estados Unidos.

Es una de las series más esperadas y es que lleva el sello de David Simon. De la relación entre HBO y David Simon han nacido ficciones como ‘The Wire’, ‘Generation Kill’, ‘Treme’ o ‘Show Me a Hero’. La última ha sido ‘The Deuce’, protagonizada por James Franco y Maggie Gyllenhaal. HBO regresa a lo clásico en un momento en que las series más exitosas de la cadena son un auténtico fenómeno viral y de masas, ‘Juego de Tronos’ o ‘Westworld’. El primer capítulo es una joya de realismo crudo y sin correcciones pero honesto, casi como ‘The Wire’. Ojalá siga así, aunque no gustará al gran público. 

La palabra “Deuce” alude a como se conocía en la jerga a la calle 42, entre Broadway y la Octava Avenida, en Times Square, donde en esa época se había prostitución ilegal, se vendía droga y nacía el cine pornográfico, un negocio que se hizo multimillonario cuando luego se mudó al valle de San Fernando, en Los Ángeles tras la mano dura del alcalde Giuliani y la limpieza que hizo la productora Disney al instalarse en la zona. 

Nueva York, 1971. Los hermanos Vincent y Frankie Martino (ambos interpretados por James Franco) uno, un barman multiempleado casado con una caprichosa mujer y padre de dos niños; el otro, un timador profesional con numerosas deudas con la mafia que acaba iniciando este negocio lucrativo en un edificio en el que habitan muchas almas nocturnas, sobre todo prostitutas y sus proxenetas. Esta es la principal trama

El piloto es David Simon y HBO en estado puro. Si te gustó ‘The Wire’ te gustará el primer capítulo. La duda que tengo es si interesa o no lo que propone. Las series de Simón están llenas de personajes fascinantes y complejos, pero en su esencia todo se trata de acercarnos y mostrarnos ecosistemas sociales, hacer crítica social. Es hábil cuando describe el alcance completo de un lugar y tiempo. Traza las conexiones invisibles entre partes aparentemente dispares de una ciudad para mostrar cómo están todos sujetos a las mismas fuerzas institucionales. Eso mismo ocurrió en ‘The Wire’. 

Y en sus 87 minutos sin prisas, (a mi parecer demasiados) el estreno de la serie más reciente de Simon y en colaboración con el co-creador George Pelecanos, establecen una red extensa de personajes relacionados con la venta, exhibición y distribución de sexo. Nos encontramos con los proxenetas ostentosamente ataviados y sus víctimas explotadas. Una ingenua joven baja del autobús, Ashley (Emily Meade), C.C (Gary Carr), le seduce y la introduce en su grupo antes incluso de que ella pueda explorar y conocer la ciudad. Está situación desempeña el papel del proveedor magnánimo, pero se vuelve violenta y brutal sin causa ni aviso.

Candy una prostituta, muy sensual (Maggie Gyllenhaal) se representa a sí misma, sin ayuda masculina. Firmemente empresarial al explicar a un adolescente John por qué no puede conseguir dos mamadas por el precio de uno, y tierna y maternal cuando visita por sorpresa a su hijo. Jóvenes callejeros como Derlene (Dominique Fishback) y Lori (Emily Meade), y chulos con labia como C.C (Gary Carr), Larry (Gbenga Akinnagbe) y Rodney (Method Man), todos tratan de mantener sus trapicheos bajo la no muy vigilante mirada de la policía de Nueva York.

El interés de ‘The Deuce’ está en los detalles (hay que permanecer muy atento), y esos detalles casi siempre tienen que ver con la intimidad de sus personajes, es decir: con aquello que hacen cuando no están follando, dejándose follar o, muy a su pesar, siendo follados por un tercero. No solo aborda la estructura patriarcal y económica (cómo las prostitutas son atraídas y convencidas, más tarde dominadas y explotadas por esos chulos que minutos antes la ficción eran tan graciosos), sino que da espacio a los personajes femeninos para mostrar su lado más humano, sus miedos, motivos y debilidades. Ese es David Simon. 

De momento confiamos en ella, la serie es absorbente con un estudio muy completo y complejo de personajes a pesar de que sea un piloto tan denso en la presentación de los personajes y la Nueva York de los setenta que parece ignorar lo demás. Para ser espectador de su trabajo se requiere cierto ejercicio de paciencia, contemplación y confianza

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