Reportajes

La televisión lenta conquista la pequeña pantalla

Siempre me acordaré de este artículo publicado en The NewYorker hace ya un par de años. En este se habla de una nueva tendencia televisa en Estados Unidos, llamada Slow TV. Entre tanto estilo de vida frenético se asienta este formato televisivo que los noruegos ya se han encargado de fomentar con éxito en la parilla de su país. 

Lejos de este fenómeno, en el otro lado del charco, sí que se observa que últimamente estamos siendo protagonistas de apuestas arriesgadas en el género de la ficción, series que se cuecen a un ritmo lento y pausado para crear una atmósfera únicadejando atrás tanta acción y espectáculo.

Como buen ejemplo del Slow TV podemos hablar de ‘Rectify’, la serie de Ray Mckinnon que tuvo muy buenas críticas con su primera temporada hace ya tres años y que ha rodado en total cuatro temporadas, síntoma de su buena acogida. También, ‘The Affair’ que supuso el regreso a la televisión americana de Dominic West, el legendario McNulty en ‘The Wire’ hace dos años. Ambas son series en las que al principio cuesta mucho encontrar un punto de enganche, todo es confuso en su trama, prefieren la evolución a través de los capítulos para contarnos una historia que al principio frusta porque no hay respuestas inmediatas. El ritmo es tranquilo para ir desenredando poco a poco la complicada trama y otras veces se dedica a prestar atención a las palabras dichas  y a las reflexiones vitales de sus personajes. Dos series capaces de generar un nuevo estándar televisivo.

No son series de mayorías pero desde luego son algunas de las mejores propuestas de estos últimos años en el género drama. No tienen audiencias espectaculares, como era previsible pero sus apuestas son muy atractivas. Frente a esta urgencia de gustar a toda la audiencia, hay otras ficciones que apuestan por ir a su propio ritmo contando sus historias bajo sus propias reglas. ‘The Affair’ explora en los efectos emocionales de una infidelidad entre dos matrimonios, parece que una simple relación extramarital no es suficiente material para una serie pero en este concepto de la slow tv, las tramas intentan ahondar en la experiencia de los puntos de vista que se crean y que irremediablemente entran en conflicto.

En ‘The Affair’ se cuenta desde un doble punto de vista en flashback, masculino y femenino una historia de apariencias, mentiras y auto engaños. Lo más curioso es que hay algunas situaciones y diálogos que son completamente diferentes según cuál sea la perspectiva del protagonista. Por ese motivo, el espectador no tiene claro quién comienza el affair, quién provoca al otro o quién de los dos dio el primer paso. Es imposible saber hasta donde nos conducirán esos recuerdos y que papel importante juegan en el caso que investiga la policía.

Lo mismo sucede con la serie ‘Rectify’, aparentemente Daniel Holden (Aden Young) es puesto en libertad tras pasar 19 años en el corredor de la muerte por el asesinato y violación de Hannah. Una nueva prueba de ADN le otorga la libertad momentánea ¿Qué ha pasado? No lo sabemos, y a tenor por la narración que aquí también se apoya en los flashbacks tardaremos en averiguarlo. Lo que si sabemos es que es un joven que entró en prisión siendo un adolescente y regresa como un hombre, que ha estado al margen de los cambios que han transformado un entorno que ya no reconoce casi dos décadas para volver a la vida y ese algo se traslada a la serie a través de los planos de detalles pequeños, de los pies descalzos sobre la hierba, de sus miradas o de sus escapadas.  La tragedia se va filtrando en esa larga introducción pero nunca acaba de estallar, conocemos los daños colaterales con la fractura interna de los personajes secundarios, sus familiares más cercanos. Una narración difusa en el que todo espejo tiene dos caras.

Una serie lenta no tiene por qué ser aburrida ni mala por defecto. La televisión tiene encaje para ‘Rectify’ y para ‘The Affair’, y cada una tiene objetivos diferentes y se dirige a públicos muy concretos. No parece que estemos ante un entretenimiento pasajero, sino ante un nuevo formato en la televisión que deja al espectador con más preguntas que respuestas. Al final, la sinceridad humana es lo que ha hecho el carácter de estas series, creatividad e inteligencia. La película observa con gran exactitud el nacimiento y la decadencia de una pareja o de una vida en el caso de ‘Rectify’. Pinta la sombra del miedo y la soledad de un matrimonio joven o de un caso lleno de incógnitas. De la carga pesada del compromiso, de la verdad perpetua.

Cuando el narrador es el personaje menos fiable de la historia, el enganche a la historia está asegurado por la curiosidad por saber qué ha pasado: quién miente, quién dice la verdad, qué sera lo siguiente… ¿nos están engañando todos? Yo creo que sí.

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